Archivo para julio, 2010

Posted in Uncategorized on 26 julio, 2010 by adolfosoler

Su vista perdida en el infinito, y en su pensamiento solo un deseo… una noche… tal vez… esta noche. Nuevo relato, apasionado, sublime, de Cary Elena Pando…  Disfrutadlo…

MI NOMBRE EN UNA OLA…

Posted in Uncategorized on 26 julio, 2010 by adolfosoler

¿Te imaginas a nosotros dos haciendo el amor en la arena de la playa por la noche, como dos animales ansiosos por poseerse…? Yo… ya lo he “visto”… ¡No sabes cuánto te deseo…!

 I

 Solitario se encontraba Leo aquella tarde en la arena, en una solitaria, salvaje pero paradisíaca playa desierta. Solitario, como ya hacía tiempo…

Cada atardecer, cuando ya los últimos rayos solares iban agonizando, y el sol no era más que un semicírculo color rojo intenso, que descansaba su base en la línea divisoria entre el mar y la tierra, Leo solía venir a sentarse a la orilla y allí con la mirada perdida en el horizonte, hablando consigo mismo en el lenguaje del pensar contaba horas y mutilaba minutos, muy absorto en algún pensamiento que nadie se atrevería a  adivinar.

Cual si fuera un rito se abandonaba, y  dejaba que el ir y venir constante de las olas le acariciaran sus piernas y sus pies descalzos. Y allí solo, teniendo como única compañía  el ruido inimitable del mar, se entregaba a su alma,  y a meditar, sobre lo que había sido su vida, y lo quería  que fuera su final.

 Sus pupilas, fijas, ausentes, perdidas en la nostalgia y el deseo, perdidas en el espacio infinito que le ofrecía esa inmensa masa de agua, avistaban al vacío,  en espera que algún milagro o evento significativo le aconteciera. Muy adentro  de sí deseaba que algún cambio llegara a su vida. Algo que diera un vuelco a su estado de ánimo, que diera muerte a la rutina que día a día ya le iba consumiendo. Habían pasado muchos años ya. Su trabajo, y el estar tanto tiempo ocupado en su quehacer múltiple, variado y diario, no le habían dado tiempo a darse cuenta de ello. Solo ahora en estos momentos que se permitía a solas, llevaba la cuenta casi matemáticamente exacta del tiempo que había transcurrido.

Reflexionaba, meditaba, miles de recuerdos se agolpaban en su mente. Lindos momentos que compartió junto a entrañables amigos, familiares, compañeros de copas y juergas. Una adorable y bien disfrutada juventud había pasado, dejando paso ahora a la sensación agradable de aquellos tantos recuerdos, de diversos  momentos vividos, de inolvidables instantes compartidos.

No se quejaba. La vida le había proporcionado diversos y placenteros momentos. Sí que  había vivido intensamente. Había tenido la dicha y la oportunidad de conocer a mucha gente maravillosa, de haber conocido sentimientos tan fuertes como la amistad,  e incluso se había dispensado el derecho exclusivo de amar… Y sentirse amado. Aunque eso… solo lo llegaba a comprender ahora.

 Había transcurrido mucho tiempo ya  y, como si estuviera mirando su vida en diapositivas, veía pasar cada escena vivida, a un ritmo vertiginoso ante sus ojos, y solo así pudo darse cuenta de lo implacable del tiempo, y que ya el reloj iba marcando una cuenta regresiva.

Había llegado el momento de la reflexión, del retiro, del merecido descanso. Pero su cuerpo y su mente se negaban a ello. Era una idea totalmente inadmisible. Se sentía aún bien joven, con los mismos deseos de siempre, con el mismo brío habitual, con las mismas ganas desenfrenadas de amar, de poseer, de conquistar… Como profesional se concebía en su mejor etapa creativa, con unas ganas de hacer increíbles, y con una experiencia acumulada sin igual, que podía despertar la envidia de muchos. Pero el fín estaba allí, muy próximo, tocando a su puerta, y ya de antemano había resuelto que no se dejaría vencer, que iba a luchar como el más audaz y aguerrido caballero para no claudicar. Pero… desde el punto de vista personal, se sentía solo. Necesitaba un pecho de mujer donde descansar sus cortas horas de sueño. Unos senos donde derramar sus besos. Alguien con quien compartir sus fantasías y en quien desbordar ese derroche de deseo y pasión que le sobraba, y que ya le ocupaba lugar en su cuerpo. Añoraba la compañía de una dama que le hiciera vibrar y le recordara a diario que aun estaba vivo.

 Sí que había tenido muchas aventuras desde muy joven. Tal vez más de las que pudo asimilar, pero no había caído en cuenta que muchas se habían esfumado en su memoria, con el paso del tiempo. Al perder a su esposa un vacío de dimensión incalculable llegó a su alma, y por un tiempo llegó a creer que nunca más volvería a amar. Pero la vida le demostró que no acaba, aún cuando una gran pérdida le hacía sentir lo contrario.

 Hacía sólo unos pocos años había conocido nuevamente la pasión. Y sí que había llegado lejos. Pudo volar tan alto que había tenido que poner fin, sino quería conocer los abismos, a que una desenfrenada pasión lo pudo haber arrojado. Pero ya eso era capítulo cerrado. Hoy, sentado en esta playa, reflexionando ante este inmenso mar, de alguna manera añoraba esos momentos vividos, que ya estaban perdiendo nitidez en su memoria, y que ya solo formaban parte de su maravilloso pasado. Un pasado no escrito, un pasado lejano, un pasado que dejaba todo el candor de vivirlo nuevamente, de forma distinta quizás, pero con ganas de volver a sentir y disfrutar.

Hoy frente a este mar, la nostalgia le invadía, y la soledad insistía en hacerle compañía. Se había empeñado en echarla de su lado, sin haberlo conseguido aún. Hoy más que nunca deseaba, con una vehemencia absoluta y un deseo atroz, volver a sentir el amor. Añoraba una noche de pasión, volver a disfrutar… aunque fuese una sola. Sería mucha pretensión pedir encontrar el amor, eso sería mucho ya, pues entonces se conformaría con menos…

Solo pedía a ese mar que le concediera ese deseo… una noche de pasión… solo una noche de verdadera locura, de derroche… tal vez esta noche.

 Su vista perdida en el infinito, y en su pensamiento solo un deseo… una noche… tal vez… esta noche.

 II

En algún lugar del planeta. En una isla no registrada en mapa existente alguno. En una costa abrupta y acantilada, Vida entregaba su cuerpo desnudo al placer que le provocaba la suave caricia del roce del agua de un inmenso mar sobre su piel.

Solía disfrutar de este pedazo de cielo, como solía llamarle. Su paraíso privado. Se abandonaba a la profundidad de estas aguas, y se dejaba abatir por el vaivén continuo de las olas, que balanceaban su cuerpo a su antojo, sin encontrar resistencia alguna.

 Vida, una mujer indomable, fuerte de carácter, altiva, intransigente, pero en ocasiones tan frágil como el más fino cristal. La vida la había marcado de muchas maneras, y le había llevado a adoptar actitudes “juanadarqueñas”, privándola del placer de amar nuevamente y de la capacidad de volver a confiar. Hacía mucho había dejado atrás la posibilidad del disfrute del amor. Vestigios de ternura y deseos afloraban de cuando en vez, recordando pasiones y encuentros que dejaron profunda huella en su alma. Pero de inmediato solía ponerse en estado de alerta, y se negaba a sí misma ese derecho de recordar,  de valorar y soñar nuevas posibilidades.

Tanto dolor había en su interior, sin embargo no abrigaba ningún sentimiento de rencor ni culpa hacia nada, ni nadie. Se sentía en paz con todo y con todos, porque se sentía en paz con ella misma. Había sufrido decepciones, soledades, abandonos.

Traiciones concebidas… tal vez por esperar demasiado de cuanto acontecía o le rodeaba. Pero con una entereza casi sobrenatural, y con un sentimiento casi religioso del perdón, se había sobrepuesto a cada herida. Las llevaba como huella de cada instante vivido, pero las había sabido cerrar con sabiduría, para que no generaran nunca algún resentimiento o acción negativa consecuente.

 Solo una cosa pudo nunca lograr y fue precisamente olvidar. Perdonaba, pero no olvidaba, aunque con un arrojo brutal se negó a vivir del recuerdo, y se supo tejer una coraza impenetrable a nuevas emociones.

Su misión para con ella, era ahora más simple. Disfrutar día a día el solo hecho de despertar y amanecer. Regalar todo el apoyo que cada quien necesitara y le exigiera. Vivir sin intensidad, solo con la complacencia de respirar sin sobresaltos, ni emociones, pero con la sinceridad y disposición de regalar su amistad y su sonrisa. No quería comprometerse, ni involucrarse con nada más. Era demasiado ya. Muy buena filosofía si quería huir. Solo que de esta manera no percibía que esta nueva forma de vida adquirida, la iba arrastrando a olvidarse de sí misma. Era capaz de entregar amor a todos, pero sin darse cuenta cada vez se sentía más vacía, aunque ahora no lo percibiera, o si lo hacía, lo escondía bien adentro.

Solo cuando se adentraba en las profundas aguas de su playa, lograba liberarse de cada recuerdo que le oprimía.

Solo al mar le abría su corazón. Solo ante él derramaba su llanto. Solo ante el poder incuestionable de este inmenso mar se descubría a sí misma, y se dejaba saber que, muy en su interior, deseaba una pasión que la encendiera, la abrazara, la desgarrara. Solo ante la fuerza magnifica y poderosa del océano, se doblegaba, se rendía, y de rodillas le pedía que cuidara de sí. Que le diera nuevamente la capacidad ya perdida de confiar, de sentir, de soñar, de amar, de querer, de sufrir. Porque al final aun estaba joven para negarse a la vida que ella misma se había impuesto por cobardía.

Esta tarde de verano, Vida, como tantas veces, se abandonaba y entregaba a las olas, a las cuales no enfrentaba, ni le ponía resistencia. Les dejaba hacer con complacencia, y les permitía que hicieran de ella y su cuerpo, lo que se les antojase. Al final, ese era su medio, su hábitat. Siempre tuvo duda si emergía de una ola.

Un descuido y podía sufrir un impacto contra alguna roca, cuando alguna ola inquieta y atrevida, jugara con ella de forma más aguerrida y violenta. Pero Vida sabía cómo entenderlas y dominarlas, y les incitaba a disfrutar juntas de esta cofradía.

Esta tarde Vida no quiso extender por mucho tiempo su juego,  y las olas supieron comprender su distancia. Prefirió sentarse al borde de un pequeño acantilado, con los pies al vacío, para confiar a su fiel amigo Poseidón (rey y dios supremo  del mar) sus deseos más recónditos.

El sol brillaba en lo alto, bordeando de un filo de oro, la poderosa nube que se empeñaba en ocultarle. Ni el más genuino de los pintores hubiese podido plasmar la belleza de esta imagen, que madre Natura creaba a su antojo. Con la vista perdida a lo lejos, Vida le pidió a su amigo entrañable que le concediera un deseo.

Solo le pediría un deseo, el mismo deseo, que alguien en algún lugar estaba clamando al mismo tiempo.

Una noche de pasión… solo una noche… tal vez esta noche.

 Su vista perdida en el infinito, y en su pensamiento solo un deseo… una noche… tal vez… esta noche.

 III

Deseos de dos seres frente al mar… Sitios diferentes. Deseos de un encuentro, sin saber que existen… Cada cual conjugando su día y su noche.

Él, agradeciendo un pasado envidiable. Ella, batallando para olvidar un pasado. Él, avistando un ocaso inminente. Ella, complacida del presente pasar…

 IV

Las aguas tranquilas, inmóviles, casi estáticas, daban a la playa de Leo la sensación de una posta o foto fija. Ya, del sol solo quedaba el recuerdo…

Continuaba Leo en un estado de letargo,  perdido y ausente, pero de súbito, algo llamo extraordinariamente su atención.

 Una poderosa ola, se formaba no muy lejos. Una inmensa ola de descomunal fuerza se estaba acercando y avecinaba. Y… que es eso? Traía arrastrando consigo, una imagen femenina, una figura mística, casi imperceptible, totalmente intangible.

Un rostro de mujer se dibujaba en su cresta, y una silueta de agua y espuma se iba conformando. A medida que la ola avanzaba para morir en la orilla. La figura fue adquiriendo más solidez y definición visual.

Leo, absorto, con la mirada fija en esa potente ola, trata de encontrar una explicación convincente a lo que ve, a lo que está por llegar No hay palabras para definir su asombro. No puede creer lo que está mirando.

Ver para creer…! O ¿será lo contrario? ¿Creer para ver? ¿Será que Dios le había escuchado?

El mar ha vuelto a la calma. La noche ya ha hecho entrada triunfal en la escena.

Leo, incorporado. Aun sin aliento. Suspendido en la incertidumbre de su sorpresa. Comienza a vagar despacio, se adentra a la orilla para recibir el regalo que el cielo, el mar, la noche y su Dios, le había proporcionado.

Y allí esta Vida, con los ojos entornados aún. Mojada. Bañada de sal. Vestida de ola. Su cuerpo desnudo, tal como se había entregado a las aguas de su océano, estaba cubierto por un fino manto blanco de tranparente espuma. Avanzaba lentamente con paso seguro al encuentro del deseo que tanto había clamado. Una vez más su dios de los mares le consentía, y le regalaba este encuentro.

 V

Brazos de ambos abiertos (conocidos desde hace mucho), dándose la bienvenida. Como saludo, una dulce sonrisa. Miradas fijas… intensas… En las pupilas de ambos, solo el reflejo del otro. Sonrisas calmadas, pero nerviosas, dibujándose en cada comisura de sus bocas. Ojos que se cierran y abren esperando un beso apasionado. Besos que funden sus almas y cuerpos, que solo dejan lugar al latir de un solo corazón.

Manos que se juntan, se entrelazan, se aprietan y se hacen solo cinco dedos.  Manos temblorosas, curiosas, aventureras, sudorosas, poderosas. Brazos que se aferran a la espalda. Que recorren el cuello, el rostro, el cuerpo… descubriendo secretos, caminos, valles, toda la topografía que se habían imaginado…

No hacen falta las palabras. Al menos por ahora sobran. Con mirarse, todo estuvo dicho. Nada pertenecía a nadie en este instante. Solo se permitieron que el corazón hablara, y que cada latido, y suspiro, rompiera el silencio que les entornaba. Solo el murmullo de la respiración, y el suave e imperceptible ruido de  los gemidos.

Y allí, sobre la arena, una lucha cuerpo a cuerpo, pecho contra pecho, danza sensual de vientre contra vientre, pezones y ombligos rozando, piel ardiendo de tanta fricción y roce. Besos robados, besos impuestos, ardientes, salados. Lenguas inquietas, insaciables. La sangre hirviendo, el deseo ahogando. Sin preocuparse siquiera cómo y dónde desataban sus pasiones, se entregaron, se devoraron, como dos animales en celo, de forma brutal e irracional. Mientras más ardía la pasión, mas la razón perdían.

Ya no estaban en la Tierra. Ya la playa no existía. Ambos levitaban aferrados uno al otro, o mejor, impregnados uno en el otro… Sus cuerpos vibraban al unísono, fundidos en un solo cuerpo, en un solo sexo, en un todo convulso. Sus lenguas se recorrían desenfrenadas, guardando para sí, el sabor de cada cual. Guardando en sus paladares, el sabor de sus deseos, degustando en cada boca el sabor de la pasión. Sus manos y dedos hurgaban cada gruta, descubriendo entradas, y salidas en caso de emergente huída.

Se bebieron, se lamieron, se tragaron, se comieron. Era tanta la necesidad de estar uno dentro del otro, que no supieron darse cuenta de las huellas y tatuajes que ambos se estaban decorando en la piel. No eran capaces de sentir el dolor. Labios ensangrentados, cuellos enrojecidos, muslos amoratados. Allí se penetraron de forma violenta, brutal, deseada, en cada canal permitido. Una y otra vez… y luego otra vez. Cada posesión, desataba mas deseo. Gemidos placenteros, dolorosos, gemidos que nacían y se ahogaban entre las piernas de ambos.

Se apretaron hasta dejarse sin aliento. Se respiraron hasta el auxilio. Se amaron hasta desfallecer.

Ya las fuerzas  agotadas, los brazos dolorosos, las piernas incapaces de sostenerlos, desfallecidos por el cansancio… y el deseo de estar juntos, aún latente como el primer beso.

Allí, en aquella playa, dos cuerpos, un deseo, un placer, yacían rendidos de tanta dicha…

¿Cómo pudo de tan lejos llegarle el amor a ambos? Todo culpa de un deseo, de una ola,  de una mirada, de un beso… beso de todo un mar, que desató o supo desatar una noche diferente, loca, extraña, convulsa, violenta.

Había transcurrido toda una noche. Ambos habían perdido la noción del tiempo, o el tiempo les había perdido a ambos. Los dos habían descubierto el cielo, y lo habían vivido acá en la tierra. Habían hecho el amor… o mejor el amor les había hecho a ellos… y ¡de qué manera!

 VI

La noche, fatigada de tanto prolongar sus horas, para que ambos cuerpos no despertaran, comenzó a ceder y a dar paso a un nuevo día.

Las primeras luces del alba. Vida y Leo se descubrieron, entrelazados aún. Les costaba separarse para adueñarse cada uno de su cuerpo. Un nudo de brazos, muslos, y piernas intentaban ordenar y desenredar. Se miraron, se sonrieron y entonces por primera vez se dejaron escuchar, y se  presentaron sus voces.

 –      ¿Quien eres…?  

–      Soy la ola, que se transforma en mujer.

–      ¿Cómo te llamas…?

–      Mi nombre es Vida.

–      De dónde vienes?

–      Vengo de muy lejos, de un lugar más allá de tu deseo…

–      ¿Puedo volverte a ver?

–      Cuando estés junto al mar, invócame, porque yo emerjo de las olas.

–      Déjame entrar a tu alma… déjame quedarme en tí. Déjame hacer tus deseos míos, y deja… que yo haga tuyos mis sueños

–      Si entras será para quedarte. Pero no creo que estés listo aún para encadenarte a mi alma. Por el momento, medita si es lo que realmente quieres. Mientras, me conformaré con que recuerdes mi nombre. Mi nombre en una ola.

–      Entonces… nos debemos un brindis por todo lo que fuimos capaces de sentir. ¡Cuánto amor nos cabe de una sola vez! Te invocaré cada noche y nombraré cada ola.

–      Estaré lista a escuchar tu llamada. Sólo si me deseas violentaré las fronteras. Solo dame una señal, y me ofreceré a tí…

Un abrazo les unió nuevamente. Leo acaricio sus pechos blancos, turgentes, envueltos en blanca espuma, bañados de mar y saliva, impregnados de sal, como todo su cuerpo. Se abrazaron y besaron dulcemente. Un dulce y tierno beso. Ambos sabían que habían alcanzado el cielo. Qué se habían esperado mucho tiempo, y que de alguna manera se soñarían juntos. Ya todo quedaba en manos del destino… y del deseo de ambos de aceptarse y trazar el camino.

 EPILOGO

Había transcurrido algunas semanas de aquel misterioso encuentro. Como se había prometido, Leo había acudido a su cita  cada noche y allí había invocado a Vida en cada ola. Solo recibió un silencio por respuesta, y ya comenzaba a dudar de la realidad de su sueño. Solo le quedaban las huellas de aquella noche en cada parte de su piel. Huellas que se admiraba como trofeo de una noche única e irrepetible.

Si aquella esta noche estuvo marcada como su ultima, pues si que había sido todo un regalo de los dioses.

Ya listo para comenzar una nueva jornada, otro día de trabajo, Leo se disponía a salir camino a la oficina, como cada mañana. Hoy se había demorado unos minutos reflexionando, sobre lo que quería hacer de su vida. Ya la respuesta la sabía de antemano, solo que no había tenido tiempo ni modo de hacerla llegar. Se le había hecho tarde y necesitaba apurarse. Había dejado su ordenador encendido como era habitual, para dejar abierto un canal de comunicación al universo perdido de Vida. Llevaba muchos días enviando señales, alguna tenía que haber llegado.

Ya en la puerta, un ding interrumpió su prisa, y le hizo voltear. Por un instante pensó no atender. Ya tendría tiempo luego de revisar el buzón. Pero su curiosidad fue más poderosa, y sin  perder tiempo corrió al ordenador. Solía dejarlo encendido con la esperanza de que algún mensaje esperado le sorprendiera, sin suerte hasta el momento.

Ahora, justo allí, junto a un  rostro de mujer que él había dibujado, muy confiado en su recuerdo, aparecía en la  pantalla un texto.

–      ¿Me invitarías esta noche a brindar por lo que fuimos capaces de sentir? Me he topado con el vicio de necesitar amarte…

Leo sintió un calor recorriendo su espalda y con una risa nerviosa…. presiono las teclas para dejar escapar…

 –      Claro… te esperaré esta noche en la primera ola.

 –      No… mejor tómate un taxi, y pasa más tarde por mí. Acabo de llegar… ¿Me dejarías entrar a tu alma?

 –      Claro… Solo que, si entras… entonces ¡será para quedarte!

Cary Elena Pando

Nuestro enemigo

Posted in Uncategorized on 26 julio, 2010 by japerezduval

japerezduval@gmail.com

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En toda estrategia nacional se debe definir bien claro quien es el enemigo potencial principal.

Yo no se que país considerará España que es su enemigo potencial principal, pero para mí está muy claro que el único país con el que tenemos un conflicto territorial es Marruecos.

Se me podrá decir que también lo tenemos con el Reino Unido respecto de Gibraltar y lo acepto, pero los gibraltareños no son ciudadanos españoles y cuando se resuelva, que se resolverá tarde o temprano, en el marco europeo todos ellos pasaran a ser ciudadanos de la Unión Europea como nosotros.

Por tanto, ese al menos para mi es un conflicto interior.

Marruecos, su rey y su gobierno, año tras año nos atacan una y otra vez, sin importar quien sea el rey y cuales los componentes del gobierno.

¿De que formas nos atacan?

Pues de muchas indudablemente.

En primer lugar el tráfico de drogas.

En Colombia los EEUU se dedican a presionan a los distintos gobiernos para que luchen contra los traficantes de drogas, en México lo mismo, pero hacen algo en Marruecos, alguien ha leído alguna noticia que diga que los EEUU han presionado a Marruecos para que luche contra las drogas, alguien ha visto en la TV algún campo de marihuana de Marruecos en llamas, alguien ha leído que algún rey marroquí haya declarado la guerra a las drogas, no verdad pues yo tampoco.

Diga lo que diga la propaganda marroquí, Marruecos es una monarquía absoluta y lo que dice el rey se hace.

Si nadie quema los campos de marihuana será porque el rey no lo ordena, ¿es que el rey de Marrueco protege a los traficantes de drogas?

También tenemos el asunto de las pateras que salen descaradamente de las costas marroquíes.

Pues lo mismo que con las drogas, se construyen públicamente a la vista de todos, se venden públicamente, los pobres inmigrantes se almacenan en tugurios miserables y luego se cargan en las pateras sin más.

Todo el mundo sabe quien se dedica al trafico de personas en su pueblo, es un delito internacional, no importa está protegido.

¿Por qué no se impide?

Es un ataque más contra España y todo aquel que nos ataque está cubierto por un manto, la pregunta es ¿de quien es el manto?, ¿acaso es un manto real?

En Marruecos la censura de prensa es equivalente a la que había en España en tiempos de la dictadura.

Todos los medios de comunicación están controlados.

Hoy día gracias a Internet es más fácil burlar la censura, pero cualquiera que lo haga debe tener en cuenta que será perseguido, hay numerosos casos, preguntar en Amnistía Internacional por ejemplo.

En la prensa marroquí hay ataques contra España, las campañas contra España se suceden día si y día también, nadie hace nada por impedirlas.

No voy a decir que el 11-M fue cosa de los servicios de inteligencia marroquíes, porque no lo creo así, pero otros muchos si creen en esta posibilidad.

Miremos nuestra historia y encontraremos que nuestros últimos conflictos bélicos son con Marruecos y aun tenemos el asunto del Sahara sin resolver para nuestra vergüenza.

Si miramos muy atrás nos encontraremos con las invasiones desde el norte de África que nos costaron ocho siglos de lucha hasta que nos liberamos del moro.

De todo esto y de algunas cosas más como los conflictos pesqueros, las concesiones petroleras marroquíes en aguas españolas, los ataques a la población española de Ceuta y Melilla, la brutal competencia de los productos agrícolas marroquíes con los españoles y tantas otras cosas menores, podemos concluir que mi declaración, sobre que el enemigo potencial principal de España es Marruecos, es cierta.

Podría estar equivocado y tal vez lo esté. Todo es posible.

Es posible que se me diga que nuestro enemigo más peligroso es Al Qaeda, pero eso no me lo creo, Al Qaeda solo es una franquicia de la que se valen numerosos grupos para conseguir una cobertura mediática internacional.

Pero si se acepta esta premisa, yo pediría que nuestras fuerzas que actúan en el extranjero se concentraran en el Magreb, cuando más cerca de casa mejor, para nosotros el peligro está en la organización Al Qaeda-Magreb

Nada tenemos que defender en Afganistán ni en tantos otros sitios donde están nuestros soldados.

Ceuta y Melilla, las islas del estrecho, las Canarias y Andalucía esos son nuestros puntos más amenazados. Esos son los lugares que deberíamos reforzar.

Nuestra inteligencia, nuestra seguridad deben estar orientadas hacia el sur, ya sé que lo están desde que dejo de existir la URSS, pero también sé que existen muchas deficiencias y muchas carencias en ellas.

Nuestra inteligencia en Marruecos debe reforzarse, nuestra seguridad frente a Marruecos debe reforzarse. Para esto no deben existir recortes, es más se deben aumentar las partidas presupuestarias ya que ni la inteligencia ni la seguridad se pueden aumentar de un día para otro, por ejemplo pensemos en el tiempo que cuesta aprender el idioma, pensemos en lo difícil que es conseguir agentes fiables.

Yo creo que Marruecos es nuestro enemigo potencial principal, yo creo que debe prepararse nuestra economía y a nuestra población, para enfrentar los graves problemas que nos vendrán de Marruecos.

No hay tiempo que perder, cuando antes se haga mejor.

Libertad

Posted in Uncategorized on 26 julio, 2010 by adolfosoler

Posted in Uncategorized on 7 julio, 2010 by adolfosoler

De nuevo nos visita nuestra amiga mexicana Mireya Guadalupe Franco Pasos, enviandonos esta vez un artículo y un poema. Les invito de disfrutarlo… No se van a arrepentir…

EL HOMBRE IDEAL

Posted in Uncategorized on 7 julio, 2010 by adolfosoler

Las mujeres en ningún momento negamos la necesidad del hombre, hacerlo sería negar nuestra propia existencia, sin embrago, no estamos de acuerdo en aquellos que abusan de su masculinidad para ofender y maltratar a la mujer.

 Creemos en la magia que envuelve al amor, porque si existe, pero alto señores, no traten de aplicar el mismo procedimiento de enamoramiento con todas, varié de vez en cuando, en eso les llevamos ventaja, nosotras somos muy fantasiosas a la hora de amar. Conozco a varios amigos que se rigen por lo que dice la Sicología Femenina, que dice que de acuerdo a ciertas actitudes es nuestra reacción. Lamento decirles que no es aplicable en todas, pues somos camaleónicas, por eso es difícil entendernos.    Así que para que dejen de romperse la cabeza pensando que es lo que deseamos de un hombre, les dejo estos puntos recabados entre varias mujeres:

  1. Que presuma sus logros a cada rato, ya tienen nuestra atención, les admiramos.   De tanto decirlo nos Fastidia.
  2. Mencionar a su ex, compararnos o peor confundirnos demuestran su poco tacto y es realmente una grosería.
  3. Que escatime el dinero.   Si bien no los queremos ricos, tampoco queremos codos, queremos hombres que disfruten lo que hacen, lo que compran o nos compran sin estar repitiendo cuánto costó o el sacrificio que hizo. Si gastan un solo peso, no importa, pero que lo hagan con gusto y con la satisfacción de disfrutarlo y no lamentar haberlo gastado.
  4. Que presuma de Gallito,( de mucho mundo y muy macho, como dirían en mi tierra) cuando apenas le han salido plumas y no saben ni de qué hablan, a veces es mejor callar, porque lo que una mujer valora es su inteligencia, no basta la presencia.
  5. Que nos mientan. Al menos si lo hacen háganlo bien, porque si los descubrimos pueden suceder dos cosas: que finjamos demencia total o  Les mandemos por un tubo. Por cada mentira pierden nuestra confianza.
  6. Que  no tengan seriedad en sus decisiones. Nosotras las mujeres queremos hombres de decisiones y si dudan o cambian de idea, no podemos confiar en ustedes, pues no sabemos en qué momento van a cambiar de opinión y como nos afectaría.
  7. Que anden desaliñados. Pueden vestirse sencillos pero es imperdonable que no estén limpios y con loción, les puedo asegurar que nos vuelven locas, nuestro olfato es muy sensible a los aromas.
  8. Que enamoren a otra a la vez y peor aún, que las conozcamos. No sean frescos, si no están a gusto con la persona que tienen a su lado mejor déjenla, jugar con el corazón no es válido, no saben el daño que nos hacen.
  9. Que para todo, tengan que consultar a mamá. Y no es que tengamos nada en contra de las suegras, sino que al ser pareja somos dos, y solos deben de tomar decisiones, si no hay comunicación y entendimiento con la pareja, cuidado, algo está pasando. Así que Corten el cordón umbilical.
  10. Que sean egoístas. Que nos pidan toda la confianza, que les contemos de todo, que demostremos nuestro cariño. Y hay casos que hasta describimos los detalles de los que hacemos, y lo hacemos con gusto, porque les amamos, pero no entendemos porque ustedes, no hacen los mismo, se guardan sus cosas y cuando preguntamos se molestan. Y a veces saben más los amigos, su familia o la vecina, que nosotras.
  11. Que quieran cama sin ningún cortejo previo.  A nosotras las mujeres nos encanta el sexo, pero buen sexo, de calidad y este comienza con la seducción, tómense el trabajo de enamorarnos, lo que más se desea más se disfruta, la espera es lo emocionante, claro hay alguna que quieren el plato al momento, pero, no todas son así, hay mujeres de cantidad y otras de calidad. Observa antes de proponernos cama, porque lo que puede ser interesante, solo se quedará en el intento.

Por último, sean congruente con lo que dice y hace; Los principios morales son fundamentales en una relación; vean nos a los ojos sin titubeo; No tiene que demostrarle a nadie su valor, sean seguros de sí mismo; Convénzanos de ser lo más importante en su vida, Si lo logran seremos eternamente suyas; No teman ser un fracaso en la cama y  nuestra ayuda para mejorar la acción.

 A mar es compartir, compartirse, se aprende y se perfecciona ¿No lo creen así?

Mireya Guadalupe Franco Pasos

TU CUERPO

Posted in Uncategorized on 7 julio, 2010 by adolfosoler

Altar de mis amores,

Caudal de mi pasión.

Bálsamo de mis tristezas.

Su aroma me vuelve loca.

Tus labios me desesperan.

Y ardo por conservarte

Atado a mis caderas.

Qué diera yo por tenerte.

Las veces que te deseo.

Sin embargo me detiene

Que tengas un mal concepto.

Vivo por ti y no lo sabes.

Mi gozo es tal cuando te amo.

Que no dejo de pensar

Cómo atraparte en mis brazos

Y no te vayas jamás.

 

Mireya Guadalupe Franco Pasos